Antes
de ser misionero yo no acudía mucho a misa, pero un día tome la decisión y
comencé a participar. Acudía todos los domingos a la parroquia del Sagrado
Corazón en Los Ángeles California.
Los acontecimientos de la vida son misteriosos, pero si de
algo debemos estar seguros es de que en cada situación que vivimos se nos
presentan siempre dos opciones:
Un
día allá en el año 2002 cuando estaba en la etapa del noviciado. Llegue de un
apostolado a la casa donde vivíamos. Era la hora de la comida, así que tardaron
un poco en abrirme.
"Hay momentos en los que la vida exige un cambio. Una transición, como las estaciones. La primavera fue maravillosa, pero el verano ya acabó. Desperdiciamos el otoño y ahora de repente hace frío.
Tome un autobús de Texcoco con dirección a la Ciudad de México.
Tomo el asiento segundo después del chofer. Me acomodo y trato de cerrar los
ojos y dormir un poco. Son 40 minutos de viaje y quiero aprovecharlos para
descansar.
Hay quien cree que hay días
malos y lo único que esperan es cerrar su ojos para que todo acabe; yo no. Mi
perspectiva es distinta creo que son días distintos con retos y decisiones de
alto impacto.
Un gallo estaba convencido de
que era la potencia de su canto quien hacía despertar el Sol cada mañana. Y que
si, por desgracia, un día dejase de cantar, el Sol ya no saldría. Pero la
realidad era muy diferente de aquella que el gallo suponía.
Estaba un día Diógenes en la
esquina de una calle riendo como un loco. -¿De qué te ríes?, preguntó uno que
pasaba por ahí. -De lo necio que es el comportamiento humano, respondió. -¿Ves
esa piedra que hay en medio de la calle?
Un padre observaba a su hijo
menor que trataba de mover una gran maceta. Los esfuerzos eran vanos. El padre
miraba en silencio, sin intervenir. Cuando el hijo se dio por vencido, el padre
se acercó y le preguntó:
"Hay tres cosas que
manifiestan y distinguen la vida del cristiano: la acción, la manera de hablar
y el pensamiento. De ellas, ocupa el primer lugar el pensamiento; viene en
segundo lugar la manera de hablar, que descubre y expresa con palabras el interior
de nuestro pensamiento.
Cuentan que un día platicaban
unos jóvenes en el parque lo acontecido en el pueblo: Ayer leímos que había muerto
el mendigo con el que nos cruzábamos cada día en el templo... Lo terrible es
que nunca se dio cuenta de que el recipiente con el que pedía limosna era de
oro macizo... A él sólo le importaban las monedas...
Cuentan de un niño que nació
miope se acostumbró desde niño a ver la vida de forma borrosa, hasta que un
día, con la ayuda de los lentes de otro niño, experimentó que la realidad es
nítida, clara, bella y con muchos colores.
Cierto sacerdote platicaba con
un amigo de la infancia. -Creo que exageras con tu tiempo de trabajo. No le das
tiempo a Dios ni a tu familia. -Tú eres cura, y dices esas cosas porque es tu
obligación. La mía es trabajar y ganar dinero. -¿Crees en Dios? -La verdad
no...
No soy de los que se espantan
cuando escuchan palabras altisonantes, pero si me llama la atención ver que las
personas cuando más acomplejadas son, más las utilizan.