Un ateo le dijo a un monje:
-Hazme ver tu Dios. El monje respondió: -Alza los ojos y mira al cielo, Dios
está allí. El ateo alzó los ojos y quedó deslumbrado por la luz del Sol que
tuvo que agachar su cabeza al quedar todo encandilado.
Un padre observaba a su hijo
menor que trataba de mover una gran maceta. Los esfuerzos eran vanos. El padre
miraba en silencio, sin intervenir. Cuando el hijo se dio por vencido, el padre
se acercó y le preguntó:
Hace
muchos años cuando vivía en Estados Unidos de Norte América, recibí una carta
de mi abuelita. Junto a la carta recibí una hoja escrita a máquina. El escrito
no era de ella, le había llegado y me lo compartía. Me gustó tanto, me impacto,
me sacudió totalmente. No lo leí una vez, fueron muchas. Lo aprendí y lo hice
una oración que desde hace mucho la reflexiono y la elevo a Dios para que no me
suceda lo que dice la historia. Hoy se las comparto de forma escrita y en
audio.