P. Modesto Lule msp
Un ateo le dijo a un monje:
-Hazme ver tu Dios. El monje respondió: -Alza los ojos y mira al cielo, Dios
está allí. El ateo alzó los ojos y quedó deslumbrado por la luz del Sol que
tuvo que agachar su cabeza al quedar todo encandilado.
