jueves, 9 de mayo de 2013

Hay que ser más claros, para no disgustarnos tan seguido.







¿Cómo andan en la vida? Yo ando bien, muy bien. Esa es la respuesta correcta. Creo que a veces somos muy limitados al responder. Por ejemplo, si nos preguntan cómo estamos, respondemos: bien.
Pero no decimos, si bien mal, o muy bien. Algo curioso me pasaba cuando andaba en la misión en Saltillo Coahuila. Les decía a las personas en el momento de las preces o cuando hacíamos peticiones dentro de una celebración de la palabra: Ahora es el momento para pedir por algún ser querido o hacer una petición de alguna necesidad personal, háganla en voz alta, y ellas decían: por mi mamá, por mi suegra, por mi esposo... y así por varias cosas más. Yo en cierto momento les pedía que fueran más claros al momento de decir su petición, ya que no sabíamos que era lo que pedía. En broma yo les decía: qué tal si ustedes dicen en voz alta, por mi suegra y con la voz más baja o en el pensamiento dicen, para que se muera pronto, y nosotros que no sabemos cuál fue la petición completa decimos, te lo pedimos Señor. No faltaba quien sonreía conmigo por lo que había dicho y por saber que era verdad. No que se muriera la suegra, sino que, no eran claros al decir su petición. Pero volviendo otra vez al punto, no somos claros al decir las cosas y eso nos afecta mucho en nuestras relaciones personales. Cuando hablo por teléfono y alguien me contesta del otro lado y me dice espere un segundo, yo le digo: uno, ya paso el segundo. Bueno, ey, ya pasó el segundo, ¿anda alguien del otro lado? Oiga, ya paso el segundo. Y no tarda un segundo en contestarme, en ocasiones son varios minutos. Es mejor decir, espere un momento porque no sabemos cuánto podemos tardar. O el error que cometemos muchos al decir si, por no querer decir no. Quizá no podemos ir o aceptar algo, pero decimos que si a muchas situaciones. Tratemos de ser más claros en nuestras respuestas, en nuestras expresiones, en la manera de hablar para no disgustarnos tan seguido. Muchas veces decimos si por evitar un conflicto; por no hacer sentir mal al otro; por miedo a no ser aceptado; por sentir que no tengo derecho a negarme. El problema de no saber decir “no” es que después tenemos que afrontar las consecuencias, y muchas veces son desagradables.

Necesitamos ser más claros al momento de hablar. Decir la verdad a quien corresponda, ser honestos y evitar decir las cosas a medias. La sinceridad debe ser nuestra carta de presentación. Hoy podemos comenzar, porque aún tenemos vida, porque aún tenemos posibilidad de ser mejores.



Hasta la próxima.


2 comentarios :

  1. gracias muy buena reflexcion, a ponerla en practica

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  2. My buena reflexión Padre, Dios siga iluminando su vida :)

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